Clase, género y deporte, una cancha donde no todos arrancan igual

 En un país futbolero por excelencia, donde la pasión por el deporte atraviesa generaciones, una pregunta se asoma, ¿Todos acceden al deporte de la misma manera?. 

 Un estudio realizado por Gabriela Gómez Rojas desmonta esta idea y revela que, en realidad, nuestras prácticas deportivas están profundamente marcadas por la clase social, el género y la edad.

 El trabajo pone en evidencia cómo el deporte, lejos de ser un terreno igualitario, refleja y reproduce desigualdades sociales. 

 Rojas sostienen que las elecciones deportivas no son al azar están influenciadas por el habitus, es decir, por las disposiciones culturales, económicas y sociales de cada grupo. 

 Así, los sectores populares tienden a practicar deportes más físicos, accesibles y con fuerte contenido colectivo, como el fútbol o el boxeo. En cambio, las clases altas prefieren actividades más individuales, estéticas o ligadas al bienestar, como yoga, natación o tenis. 

 Los datos muestran que más del 50% de los trabajadores no practica ningún deporte. A la vez, en los sectores profesionales o de mayor nivel educativo, la actividad física aparece con mayor frecuencia y diversidad. 

 El género es otro factor clave. El estudio revela que las mujeres practican menos deportes que los varones, especialmente en las clases trabajadoras. 

 ¿La causa? Una posible combinación entre sobrecarga de tareas domésticas y estereotipos culturales que asocian el cuerpo femenino al cuidado estético más que al esfuerzo físico. 

 De hecho, muchas eligen actividades como caminar, gimnasia o pilates, mientras que los hombres se destacan en el fútbol, el ciclismo y el gimnasio. 

 La edad también juega su partido. Los jóvenes practican más deportes, y lo hacen con fines lúdicos o competitivos. A medida que avanza la edad, crecen las actividades moderadas y orientadas a la salud, como caminar o hacer yoga. 

 Sin embargo, todo esto está atravesado por una variable que no siempre se menciona, el tiempo libre disponible. En un mundo donde trabajar más de 8 horas es común, y donde muchas mujeres aún asumen doble jornada (en casa y fuera de ella), hacer deporte puede ser un lujo. 

 Aunque en el discurso oficial el deporte es promovido como un derecho universal desde la escuela hasta los clubes, la realidad muestra que las oportunidades son desiguales. El acceso al deporte de calidad, con infraestructura, entrenadores y equipamiento, sigue siendo un privilegio de pocos.

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