El algoritmo en el periodismo, entre la innovación y la ética
El Diario Huarpe, de San Juan, puso a prueba a la inteligencia artificial dentro de su redacción con un experimento inédito: pedirle a una máquina que creara una infografía periodística completa. El resultado abrió un debate sobre los límites del algoritmo y el valor del criterio humano. La experiencia demostró que la IA puede ser una herramienta útil para innovar, pero que la ética y la mirada del periodista siguen siendo irremplazables.
imagen sacada de: https://www.connectas.org/labs/esta-la-inteligencia-artificial-salvando-o-aniquilando-al-periodismo/
Un algoritmo es una secuencia de instrucciones que
permite procesar datos y tomar decisiones automáticas. En los medios, organiza
qué noticias aparecen primero, qué temas se destacan y qué llega al lector
según sus intereses o comportamiento digital. Plataformas como Google o X (ex
Twitter) usan algoritmos que priorizan contenido con mayor interacción, lo que
transforma la forma en que las audiencias se informan. Estas herramientas no
solo influyen en cómo se produce la información, sino también en cómo la
consumimos.
El algoritmo personaliza la información, pero también
encierra al usuario en una “burbuja informativa”. El lector recibe contenidos
similares a lo que ya vio, reduciendo la diversidad de voces. Los medios, a su
vez, adaptan sus estrategias para aparecer en esos filtros: cambian titulares,
horarios de publicación y estilos narrativos para ganar visibilidad. Esto
modifica la dinámica del trabajo periodístico, que hoy debe convivir con la
lógica de las plataformas digitales.
El periodista moderno tiene que comprender cómo funcionan
los algoritmos. Debe saber usar palabras clave, formatos breves y visuales, y
publicar en los momentos de mayor tráfico. Al mismo tiempo, necesita conservar
su rol ético, evitando escribir solo “para el clic” y manteniendo la
responsabilidad informativa. En este contexto surgen nuevas figuras, como el
periodista de datos o los especialistas en análisis digital, que combinan la
tecnología con el rigor periodístico tradicional.
Sin embargo, junto con la innovación, aparecen desafíos
éticos. Uno de ellos es publicar contenido que haya sido generado completamente
por inteligencia artificial. La IA puede hacer el trabajo más rápido, pero no
con la misma autenticidad que una persona que dedica tiempo, esfuerzo y
emociones al proceso creativo. A los textos y las imágenes producidas por una
máquina les falta algo fundamental: la sensibilidad, la experiencia y la
conexión emocional con el tema. Otro dilema ético importante es la
transparencia. Es fundamental que el público sepa si lo que está leyendo o
viendo fue producido por una IA o por una persona, porque eso influye
directamente en la confianza y la credibilidad del medio.
En este contexto se enmarca el caso del Diario Huarpe. En
los últimos años, la irrupción de la inteligencia artificial transformó el
panorama de los medios de comunicación. Lo que hace una década parecía una
herramienta futurista hoy está en el corazón de las redacciones: desde la edición
automática de videos hasta los titulares generados por algoritmos. En
Argentina, algunos medios ya comenzaron a experimentar con estas tecnologías.
Uno de los casos más interesantes es justamente el del Huarpe, que realizó un
experimento propio para evaluar las posibilidades y los límites de la IA
aplicada al periodismo.
El equipo del medio se propuso comprobar si una máquina
podía realizar por sí sola una infografía periodística completa, con
información, diseño y redacción. El objetivo no era reemplazar al periodista,
sino entender de manera práctica hasta dónde puede llegar la inteligencia
artificial y cuál es su aporte real al proceso comunicativo. Para realizar la
prueba, los redactores introdujeron en una plataforma de IA una consigna muy
específica: “Necesito una infografía periodística con información sobre un tema
de actualidad, con texto claro, diseño equilibrado y datos relevantes”. La
herramienta respondió de inmediato, generando un texto de estructura formal,
con subtítulos, párrafos y hasta una propuesta de formato visual. Sin embargo,
a primera vista se percibieron las limitaciones del sistema.
imagen sacada de: diario Huarpe.https://www.diariohuarpe.com/nota/la-inteligencia-artificial-a-prueba-una-maquina-que-imagina-pero-no-concreta-202573119150
El texto que generó la inteligencia artificial era
correcto desde el punto de vista gramatical, pero completamente plano. No
contenía análisis, ni contexto, ni fuentes verificables. Parecía una
descripción neutra, sin mirada ni interpretación. Tampoco había intención
narrativa: el lenguaje carecía de ritmo, de sentido crítico y de profundidad
informativa. En el plano visual, los resultados fueron todavía más evidentes.
El diseño que propuso la IA tenía errores de jerarquía, combinaba colores poco
legibles y presentaba fallas en la tipografía. La disposición de los datos no
ayudaba a la comprensión de la información, algo que en periodismo gráfico es
esencial.
Ante estos resultados, los periodistas del Diario Huarpe
concluyeron que, aunque la IA puede simular una estructura periodística,
todavía no es capaz de reemplazar la lógica del oficio. La tecnología logra
“imaginar” una nota, pero no logra “concretarla”. Falta el componente humano
que organiza la información, que jerarquiza los datos, que percibe la relevancia
social de un hecho o que decide qué merece ser contado.
El experimento, más allá de los errores, fue positivo.
Permitió al medio sanjuanino medir la utilidad real de la IA en una redacción
pequeña y abrir un debate sobre su integración ética y profesional. Lejos de
rechazar la tecnología, el Huarpe la asumió como un recurso complementario: una
herramienta que puede facilitar tareas repetitivas, agilizar procesos de diseño
o ayudar en la búsqueda de información, pero que necesita sí o sí la intervención
humana para lograr un producto periodístico serio y confiable.
El proceso se dividió en tres etapas: primero, la
generación automática, donde la IA elaboró el texto y los gráficos iniciales;
luego, la evaluación humana, en la que periodistas y diseñadores analizaron los
resultados, detectando errores y falta de contexto; y finalmente, la revisión y
reescritura, donde el equipo humano editó, ajustó los datos, rediseñó la
infografía y le dio coherencia visual. El producto final fue una pieza mixta:
una infografía construida a partir de una propuesta de IA, pero corregida y
completada por profesionales humanos. De esta forma, el diario logró mantener
su criterio editorial, su estilo gráfico y su compromiso con la veracidad.
Lo más interesante del caso es que el Diario Huarpe no
usó la IA solo como herramienta técnica, sino también como tema de
investigación periodística. Publicaron la experiencia, mostraron los resultados
y compartieron sus reflexiones, demostrando transparencia con la audiencia. En
lugar de ocultar el uso de IA, lo hicieron público, lo cual marca una
diferencia ética importante: reconocer que la tecnología fue parte del proceso.
Además, el experimento invita a pensar en cómo la
inteligencia artificial reconfigura la tarea del periodista. Hoy ya no basta
con redactar correctamente; hay que entender cómo funcionan los algoritmos que
determinan la visibilidad de una noticia, cómo se programan los sistemas de
recomendación y cómo se usa la IA sin perder identidad ni rigor profesional. El
periodista del siglo XXI necesita incorporar competencias tecnológicas, pero
también fortalecer su pensamiento crítico y su responsabilidad social,
justamente para no quedar subordinado a la lógica automática del algoritmo.
Este caso también plantea dilemas éticos fundamentales.
El primero es la transparencia: los lectores tienen derecho a saber si un texto
fue producido o asistido por una máquina. En segundo lugar, la verificación de
la información: una IA puede inventar datos o reproducir errores si no se la
supervisa adecuadamente. Y el tercer aspecto es la responsabilidad profesional:
los medios deben garantizar que la búsqueda de eficiencia no sacrifique la
calidad informativa.
El Diario Huarpe manejó bien estos puntos. La experiencia
no buscó engañar ni vender el trabajo como una producción puramente humana. Al
contrario, sirvió para reflexionar sobre los límites entre automatización y
ética. Este tipo de pruebas son importantes porque ayudan a democratizar el
acceso a la tecnología, mostrando que también los medios regionales pueden
innovar sin depender de grandes corporaciones, y que la IA puede ser usada de
forma crítica, responsable y creativa.
El trabajo del Huarpe representa una mirada posible del
periodismo del futuro: un espacio donde la inteligencia artificial y el talento
humano trabajen de manera complementaria. El algoritmo puede encargarse de
organizar datos, resumir textos o generar propuestas visuales, pero el periodista
sigue siendo quien interpreta, contextualiza y humaniza la información. En esa
combinación está el verdadero valor del periodismo contemporáneo: aprovechar la
precisión de la máquina sin perder la sensibilidad del profesional.
De hecho, este tipo de ensayos podrían convertirse en una
práctica habitual en medios argentinos. Experimentos similares ya se están
realizando en redacciones como Clarín o La Nación, donde la IA se usa para
analizar tendencias o predecir qué notas tendrán mayor alcance. Pero el caso
del Diario Huarpe tiene un valor especial porque surge fuera del circuito
porteño, en una provincia del interior, demostrando que la innovación
periodística no depende de la escala del medio, sino de su curiosidad y
compromiso con el aprendizaje tecnológico.
Este trabajo que hizo el medio sanjuanino, aunque sea
pequeño, nos muestra el panorama de lo que pueden hacer las grandes empresas.
Los periodistas no deben tenerle miedo a esto que se viene, sino aprender a
convivir con la inteligencia artificial. Muchas personas creen que esto viene a
reemplazar al periodista; puede que los mismos ya no escriban como antes, pero
se buscará complementar desde otro lado. Guiando, como hizo el Diario Huarpe, o
de otras formas que aún no conocemos.
Redacción: Francisco Chapino
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